Declaración del director

Este proyecto comienza en un viaje a Buenos Aires, en el que acudo a visitar a mi familia a causa de la enfermedad de mi padre, después de años sin regresar a mi país.

Mi intención inicial era realizar un documental de mi padre, artista e hijo de inmigrantes armenios, pero el impacto que tuvo en mí regresar a los lugares del pasado y verlos deteriorados en la actualidad por el paso del tiempo, hizo que decidiera volcarme en un proyecto diferente, donde pudiera tomar una distancia suficiente, sin tanta implicación personal.

Entonces y por azar, en la Avenida Corrientes conocí a Jacobo, un comerciante inmigrante judío, que resultó ser de la misma generación de mi padre y uno de los protagonistas de “Tristeza Marina”.

Con el tiempo y la distancia, pude darme cuenta del paralelismo que existía entre lo que ocurría en el entorno de mi familia y lo que finalmente ocurrió con Jacobo en su almacén.

Con Tristeza Marina no pretendo contar una historia ni hacer una investigación didáctica sobre un tema específico, sino transmitir la atmósfera  y la idiosincrasia de sus protagonistas, así como de la sociedad que los rodea, por medio de sus hábitos y comportamientos.

Este ensayo-documental, con tintes costumbristas, respira en cada una de sus escenas la nostalgia de una sociedad pasada. Los protagonistas de este documental parecen atrapados inconscientemente en un ambiente melancólico, apático y decadente, añorando un pasado ya lejano que suena más vivo y prometedor, y sin hacer ningún esfuerzo por salir de esta situación.

En resumen, el poder del pasado y cómo éste absorbe el momento presente, es el concepto sobre el que gira el documental.

Metodología de trabajo

En todos mis proyectos documentales hasta la fecha, mi método para el desarrollo de un concepto y una estructura narrativa no comienza con una idea clara y establecida, ni tampoco haciendo una investigación previa de la persona a retratar, ni de su contexto social, sino simplemente partiendo de una ligera intuición y atracción hacia el mundo a tratar. Esto me da pie a abordar el rodaje de un modo pausado y contemplativo, con la menor intervención posible por mi parte.

En mi experiencia, este método logra durante el rodaje una intimidad con los protagonistas que hace que ellos me acepten en su cotidiano y por lo tanto se comporten de manera natural. De esta manera, pueden brindarme gran parte de su interioridad y, por ende, brindársela también al espectador final del proyecto.

El concepto y la estructura narrativa los voy concibiendo en el rodaje y ultimando en el montaje. De esa manera tengo más libertad y ligereza a la hora de producir, pero a su vez asumo un riesgo y vértigo creativo que no descansa hasta la conclusión del proyecto.

Se trata de asumir la aventura de comenzar un proyecto en un terreno o tema que me resulta familiar y a la vez desconocido, entregándome cada vez más a los acontecimientos tal cual suceden, dejándolos que fluyan y que me sorprendan, y desarrollando paulatinamente un concepto o intención durante el transcurso y ejecución de la obra audiovisual.

Algo que me parece mágico de estos ensayos es que, grabando situaciones reales sin ningún tipo de intervención durante el rodaje, y que sólo por medio de la estructuración en el montaje, se logre que estas situaciones se trasformen en secuencias  y que el conjunto de estas, sin tener un desarrollo dramático convencional puedan transmitir un concepto o mensaje.

Una de las situaciones que más me apasiona durante el rodaje es, al trabajar siempre con una sola cámara y en situaciones únicas e irrepetibles, dejar que los acontecimientos se desarrollen y el movimiento de cámara hacerlo únicamente cuando sea inevitable, dejando si es necesario que por momentos la persona u objeto salga fuera de cuadro mientras la grabación continúa. Me parece fundamental el lograr insinuar lo que sucede en ese fuera de campo, sin mostrar de forma evidente una y otra vez, el sonido y la imagen en el mismo encuadre.